EXALUMNOS

Miguel Herrera-Lasso

Curso 2004/05

Tras tantos años de haberme graduado de St. Paul’s School, me he dado cuenta de lo que significa ser un exalumno de una escuela como la mía. Me siento muy orgulloso de poder decir que continúo perteneciendo a la gran familia y hasta parece que, cada vez que vuelvo, no ha pasado el tiempo.

St. Paul’s es un colegio de valores que me han hecho saltar por encima de mil obstáculos y darme cuenta de la educación privilegiada que había recibido. El afán por conocer, viajar y seguir estudiando me lo ha fomentado el St. Paul’s. He estudiado Turismo en ESADE-Ramon Llull (Barcelona), soy Master en Innovative Hospitality Management por ESADE-Ramon Llull (Barcelona) y Maastricht Hogeschool-Zuyd (Maastricht), aunque actualmente estoy estudiando Interpretacion Teatral en la Escuela Cristina Rota (Madrid).

Mi carrera profesional es como la vida: no para de dar vueltas. Poco a poco uno va encontrando su pequeño hueco. Yo soy muy impaciente y quiero que todo salga bien a la primera, pero al mirar atrás veo el camino que me ha llevado hasta aquí y la cantidad de fallos que he tenido que cometer para formarme como persona y a aprender que lo bueno llega poquito a poquito, golpe a golpe y verso a verso.

Hay mil historias de la escuela que no paro de recordar, generalmente hasta desternillarme de risa, y me gustaría compartir con ustedes lo que nos ocurrió al visitar el Parque Nacional de Doñana:

Nos encontrábamos en uno de los múltiples viajes que hacemos a lo largo de la vida escolar, llevábamos dos horas descubriendo la inmensidad del paisaje y la grandeza de Doñana cuando nos detuvimos a hacer un «pic-nic» cerca de unas dunas. Como cualquier niño, el bocadillo era totalmente secundario y entre carcajadas decidimos hacer unas carreras por la duna. Todo pintaba bien, sólo se trataba de una carrera en pendiente hasta que uno a uno nos tropezábamos con la propia arena y bajábamos dando vueltas, cual croqueta, hasta los matorrales. Aunque la carrera duró poco, creo que sigo teniendo granitos de arena dentro de los oídos.

Podría seguir contando, la verdad, porque cada vez que me preguntan por St. Paul’s puedo pasarme horas hablando. Y, aunque me da pena mirar atrás y darme cuenta de que esa vida ya se ha acabado, la sigo teniendo muy reciente con mi grupo de amigos del colegio que nos seguimos viendo café tras café, semana tras semana. Es una etapa maravillosa, también es caduca, aunque sales orgulloso, con la cabeza alta y con ganas de comerte al mundo. Lo bueno es que siempre puedes volver y todas esas aulas donde antes tenías filosofía, historia del arte o matemáticas se convierten en un mero recuerdo, retrato de los momentos que están creando los estudiantes «okupas» de «tus» aulas.